En el cuento escrito por Leopoldo Alas, "Clarín" que recibe el título de "En el tren", el escritor de raíces asturianas pone de manifiesto su preocupación hacia el conflicto por antonomasia de la época: la llamada Guerra de Cuba, que tuvo lugar entre los años 1895 y 1898.
En este breve relato se nos presentan tres personajes muy diferentes entre ellos: un duque con una gran colección de títulos, un teniente de artillería y una viuda. A ninguno de ellos se le da un nombre propio, sino que se les identifica por medio de sus títulos. Es así como Clarín refleja las clases sociales de la época: por un lado, el duque representa a la oligarquía, el teniente al ejército, y por último la viuda a las mujeres. Además, los títulos que se le conceden al duque tiene un marcado simbolismo, algo que se puede ejemplificar con sencillez mediante su título de marqués de Numancia, resaltando con ello su resistencia, esa característica numantina que todos tenemos en mente; así como el de duque de Pergamino, que lo señala como un hombre de "material antiguo".
El narrador, en este caso, un narrador en tercera persona, se acerca a uno de los personajes, al duque, adoptando varias expresiones propias de este. Al margen de los personajes principales encontramos otros cuatro que cobran un papel secundario. Podemos dividirlos a su vez entre personajes públicos: el jefe de estación y el cabo de la Guardia Civil; y personajes privados: Fernando y Adela. Esta distinción marca la diferencia entre las situaciones vividas: la situación meramente social que se desarrolla en el tren frente a la más familiar que tiene lugar con el encuentro de la viuda y sus amigos.
Dado que la acción se desarrolla en su totalidad en el mismo escenario, el reservado del tren, podemos afirmar que se respeta la regla teatral de las tres unidades: acción, tiempo y espacio. Se nos presenta así la acción como una sucesión fluida de acontecimientos que no necesita de ningún corte.
Mediante la ironía mostrada por Clarín sobre todo en la última de las oraciones del cuento, se pone de manifiesto su sentir hacia el conflicto que está teniendo lugar. La mujer, que no ha intervenido prácticamente durante todo el relato, se muestra fría ante la curiosidad del duque, que ha estado menospreciando a su difunto marido frente a ella sin siquiera saberlo. Frente a esta intervención furtiva de la mujer, encontramos además la grandilocuencia que marca las palabras del duque, y el realismo con que afronta el militar su deber en Cuba. En definitiva, tres diferentes perspectivas desde las que ver el conflicto que Clarín refleja a la perfección en este cuento como crítica hacia la guerra.

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