miércoles, 12 de abril de 2017

La Bella y la Bestia

Adaptación de su propia adaptación, La bella y la bestia es la última versión cinematográfica del popular cuento francés homónimo que en 1991 los estudios Walt Disney convirtió en un largometraje musical animado. La conocida historia infantil se nos presenta en esta nueva obra dirigida por Bill Condon como un atractivo para un público no tan infantil que, hace ya más de dos décadas, disfrutó de una de las tres únicas películas de dibujos animados que ha estado nominada al Oscar a la mejor película.

En el largometraje protagonizado por Emma Watson (Bella) y Dan Stevens (la Bestia) recuerda sin duda a la primera versión de Disney, con escenas idénticas a las de su primera adaptación al cine. Si bien encontramos innumerables parecidos entre ambas películas, también son muchos los detalles que señalan a este estreno como una nueva creación. La profundidad de la que están dotados los personajes, así como las diferentes variaciones con respecto a la primera grabación de Disney son elementos claves para apreciar la majestuosidad de la película, coronada por los efectos especiales que dotan de verosimilitud a las escenas más fantásticas.

Una espectacular Emma Watson se nos presenta en la versión inglesa del largometraje como una gran voz en su primera obra musical, sin olvidar la balada que nos regala Dan Stevens, y que completa la banda sonora de la película con interpretaciones de otros miembros del reparto como Emma Thompson (Señora Potts) y Luke Evans (Gastón) y otros artistas del panorama musical como Céline Dion, Ariana Grande y John Legend.


Se trata, sin duda, de una película para toda la familia que no dejará indiferente a nadie. Desde los más pequeños, que tendrán la oportunidad de disfrutar quizá por primera vez de esta historia hasta los mayores, que se enfrentarán a la proyección con el recuerdo inevitable de la película de su infancia. 

La Universidad siempre tendrá género femenino

Han pasado ya más de dieciocho siglos desde la apertura de las primeras universidades en nuestro país. Sin embargo, las mujeres solo han visto su presencia en ellas durante los últimos dos siglos. La discriminación siempre ha sido parte de ese duro recorrido de las mujeres en los estudios, quedando siempre relegadas a ciertos campos que, tradicionalmente, se han tachado de ser aptos para ellas.

La lucha de las primeras mujeres que decidieron enfrentarse a lo “debido” y perseguir sus propias metas ha dejado huella en la historia de nuestras universidades, y en cómo la proporción entre alumnos y alumnas se ha ido igualando. Sin embargo, la brecha que históricamente dejó a estas primeras estudiantes relegadas a los campos de las humanidades y enfermería sigue estando hoy muy presente.

Son las carreras de Filosofía y Letras, junto con las de Farmacia y Enfermería las que recogen el mayor porcentaje de mujeres, teniendo como polo opuesto las relativas a Ingenierías. Por mucho que los derechos hayan ido evolucionando con el tiempo en favor de la igualdad de género, las escasas mujeres que encontramos en estos campos de estudio son vistas como casos aislados, como “bichos raros” en carreras de hombres.


¿Es labor de las mujeres seguir luchando por esa igualdad o de los hombres aceptarlas como iguales? Históricamente, se ha demostrado que son tan valiosas como los hombres, que tienen tantas capacidades como ellas, que intelectualmente están a su altura. Entonces, ¿por qué esa reticencia a verlas como lo que son: compañeras de estudio, de trabajo? Quizá necesitemos un par de generaciones más para ver el sueño de esas primeras mujeres cuando por primera vez pusieron un pie en las aulas universitarias: un futuro en el que la trayectoria académica no esté condicionada por el género. 

Mucho más que chuchos. Entrevista a Nagore Álvarez

Los animales de compañía por excelencia son los perros, y como tales reciben el cariño de sus dueños y la sociedad, pero no es un hecho tan generalizado como nos gustaría pensar. Asociaciones como “Más que chuchos” se ocupan de esos animales que no reciben el cuidado de una familia. Nagore Álvarez es una de las voluntarias que dedican su tiempo a colaborar con esta organización sin ánimo de lucro y que lleva haciéndolo ya durante años. Queremos conocer el trabajo que organizaciones como esta llevan a cabo, y saber cuáles son las dificultades que entraña para sus colaboradores el preservar la dignidad del mejor amigo del hombre.



¿Cómo definirías la labor que lleva a cabo “Más que chuchos”?
Desarrolla una actividad muy admirable, desde mi punto de vista. Al contrario que otras asociaciones, no solo no cuenta con financiación estatal, sino tampoco con la de patrocinadores que aporten cantidades importantes. La compra de comida y los gastos que las visitas al veterinario suponen están financiados íntegramente por las cantidades que se adquieren gracias a los pequeños mercados que se organizan y las donaciones de particulares.
Las instalaciones, lejos de contar con grandes infraestructuras, han sido levantadas por los propios voluntarios. Un buen ejemplo son las casetas, quizá no tan llamativas como lo pueden ser las de otras protectoras, pero que denotan el esfuerzo y el mérito que esconde el trabajo de todos.

¿Qué motivación te llevó a empezar a colaborar con la asociación?
El primer contacto que tuve con “Más que chuchos” fue en uno de los stands que habían montado en La Losa (Oviedo). Me acerqué en busca de información, y realmente captaron mi atención. Sin embargo, tardé algo más en decidirme. Fue cuando, en una de las asignaturas de segundo de Bachiller, hace ya dos años, nos alentaron a unirnos a algún proyecto de voluntariado cuando recordé la protectora y decidí lanzarme de cabeza. Aún hoy me cuesta admitirlo, pero he de reconocer que fue la insistencia de ese profesor la que me hizo dar el paso de ayudar a los animales, que siempre me han encantado.

Lo haces desde hace años, ¿crees que durante el tiempo que llevas con ellos las condiciones han mejorado?
Sin duda. Ves a algunos de esos perros llegando al albergue desnutridos, con infecciones, otros que muestran mucha agresividad o que, por el contrario, parecen tener miedo… y, con el paso del tiempo, no solo recuperan sus cualidades fisiológicas, sino que el carácter de los animales también mejora. A algunos de ellos, puedo asegurarte que no se les podía acercar uno a tocarlos, y hoy en día en cuanto te ven corren hacia ti en busca de un poco de atención. Otros, se recuperan de sus carencias, adoptando por ejemplo el peso que les corresponde por raza y edad. No en todos los perros se puede ver un cambio tan obvio, desde luego, pero en conjunto esa mejoría es evidente.

¿Cuál ha sido la experiencia que más te ha marcado en este tiempo?
Esta sí que es difícil… la verdad es que no sabría decir cuál de los casos me ha marcado más. Pero sí que es cierto que me llamó la atención una ocasión estando en el stand en Salesas. Se nos acercó un señor y empezó a increparnos, alegando que no teníamos derecho a estar pidiendo ayuda en un lugar como aquel, que nuestra labor no tenía valor alguno. Incluso amenazó con llamar a la policía, siempre entre insultos hacia nosotros y llamando la atención de quienes nos rodeaban. Desde luego que preferiría olvidarlo, pero en el mismo día, se dio también el caso opuesto, cuando uno de los encargados del supermercado del centro comercial salió hasta la calle, donde estábamos, para ofrecernos agua para los animales. Son esas dos caras de la misma moneda las que te hacen ver que no todos somos iguales y te alientan a seguir con lo que te apasiona.

¿Cuáles son las dificultades que supone la labor que desempeñáis?
Como ya he mencionado antes, el hecho de que la financiación se base solamente en la venta de productos en los stands y las donaciones de la gente para comida se hace muy cuesta arriba. También, aunque parezca mentira, es complicado el hacer entender a la gente que viene a adoptar que no van a salir del albergue con un perro modélico. Son animales que están acostumbrados a unas condiciones muy específicas, y sus nuevos dueños no pueden pretender que lo aprendan todo de la noche a la mañana; la falta de paciencia es, como en muchas otras cosas, un problema inmenso. También cabe destacar el esfuerzo que dedicamos a los animales. Mucha gente puede pensar que solo trabajamos cuando nos ven cara al público, pero nos hacemos cargo de todo lo que les concierne: somos nosotros, por ejemplo, los que les llevamos al veterinario por nuestros propios medios en caso de necesidad, y es que no contamos con ninguna ayuda externa en la que podamos apoyarnos en caso de emergencia. En este aspecto, puedo decir que es algo muy sacrificado.

¿Sientes que organizaciones como “Más que chuchos” son bien recibidas por la sociedad?
Tomando como base el encuentro tan poco afortunado con el hombre en Salesas, he de decir que hay mucha gente que ve con buenos ojos la labor que desempeñamos, y que se muestran receptivos ante la idea de asociaciones que velan por los animales. También hay, por desgracia, una parte de la sociedad que ve este tipo de organizaciones como una pérdida de tiempo, esfuerzo y capital, gente que no entiende que queramos ayudar a los animales y que solo entienden la ayuda a otras personas. A este último grupo le diría que pensaran un poco antes de juzgarnos. Y es que en la asociación cuidamos de perros que en un futuro pueden ayudar a otras personas. Algunos de los perros que han adoptado han servido para que niños en riesgo de exclusión social o que sufren algún tipo de enfermedad encuentren en ellos un gran apoyo, y en ocasiones un amigo que les ayuda a superar sus dificultades. Por suerte, puedo decir que cada vez es más gente la que apoya causas como la nuestra que la que intenta sabotearnos.



Buscáis tanto hogar para los animales como alimento para mantenerlos, ¿es en ocasiones más necesaria y mejor aceptada la aportación económica que la adopción directa?
Diría que en ciertas ocasiones es así, sobre todo por lo que te decía antes acerca de esa tendencia a pensar que al adoptar te vas a llevar a casa un perro ejemplar. En muchas ocasiones, estas personas acaban por devolver al perro, acompañando su actitud equivocada de malas críticas en las redes sociales, que hacen mucho más daño del que se puede uno llegar a imaginar, siendo uno de los mayores medios de difusión con los que contamos. Sí que es cierto que hay casos en los que el perro y la familia que lo adopta se entienden a la perfección, nos envían incluso vídeos, y al ver a los animales tan felices sabes que ha merecido la pena. Pero en todos los otros casos, desde luego que es mucho más útil una aportación ya sea monetaria o de comida. También el hecho de que recibimos muchos más perros de los que adopta después la gente hace más necesario ese otro tipo de aportaciones que las adopciones directas.

Nos referimos a los perros como a “el mejor amigo del hombre”, ¿crees que quizá el hombre no merezca ser llamado “el mejor amigo del perro”?

En más ocasiones de las que me gustaría, no lo merece. El ejemplo más claro podemos verlo cualquier día al salir a la calle y ver a algunos de los dueños de esos perros prestando atención al móvil y no al animal. Esto solo desemboca en tirones innecesarios a las correas ─suponiendo que los llevan atados─ cuando los perros se paran en una esquina o árbol, solo porque su dueño no le atiende según sus necesidades. Creo que todas estas personas, más que querer darle una vida digna a ese animal, buscan una aceptación social. Vivimos en un mundo en el que se compran más perros de los que se adoptan, en el que tener un perro de raza implica el tener la capacidad económica de poder permitirse ese gasto, un mundo en el que el amor que se profesa por los animales queda relegado a un segundo plano en favor de la imagen que se da.  En ese aspecto, creo que los perros te dan mucho más de lo que les das tú a ellos. Hablo de generalizaciones, desde luego, porque no falta gente que pone por encima de todo a los animales y los cuida como a un tesoro, pero normalmente no sabemos tratar a los animales como verdaderamente ellos nos tratan a nosotros.