¿Cómo definirías la labor que lleva a cabo “Más que chuchos”?
Desarrolla una actividad muy
admirable, desde mi punto de vista. Al contrario que otras asociaciones, no
solo no cuenta con financiación estatal, sino tampoco con la de patrocinadores
que aporten cantidades importantes. La compra de comida y los gastos que las
visitas al veterinario suponen están financiados íntegramente por las cantidades
que se adquieren gracias a los pequeños mercados que se organizan y las
donaciones de particulares.
Las instalaciones, lejos de
contar con grandes infraestructuras, han sido levantadas por los propios
voluntarios. Un buen ejemplo son las casetas, quizá no tan llamativas como lo
pueden ser las de otras protectoras, pero que denotan el esfuerzo y el mérito
que esconde el trabajo de todos.
¿Qué motivación te llevó a empezar a colaborar con la asociación?
El primer contacto que tuve con
“Más que chuchos” fue en uno de los stands
que habían montado en La Losa (Oviedo). Me acerqué en busca de información,
y realmente captaron mi atención. Sin embargo, tardé algo más en decidirme. Fue
cuando, en una de las asignaturas de segundo de Bachiller, hace ya dos años,
nos alentaron a unirnos a algún proyecto de voluntariado cuando recordé la
protectora y decidí lanzarme de cabeza. Aún hoy me cuesta admitirlo, pero he de
reconocer que fue la insistencia de ese profesor la que me hizo dar el paso de
ayudar a los animales, que siempre me han encantado.
Lo haces desde hace años, ¿crees que durante el tiempo que llevas con
ellos las condiciones han mejorado?
Sin duda. Ves a algunos de esos
perros llegando al albergue desnutridos,
con infecciones, otros que muestran mucha agresividad o que, por el contrario,
parecen tener miedo… y, con el paso del tiempo, no solo recuperan sus
cualidades fisiológicas, sino que el carácter de los animales también mejora. A
algunos de ellos, puedo asegurarte que no se les podía acercar uno a tocarlos,
y hoy en día en cuanto te ven corren hacia ti en busca de un poco de atención.
Otros, se recuperan de sus carencias, adoptando por ejemplo el peso que les
corresponde por raza y edad. No en todos los perros se puede ver un cambio tan obvio,
desde luego, pero en conjunto esa mejoría es evidente.
¿Cuál ha sido la experiencia que más te ha marcado en este tiempo?
Esta sí que es difícil… la verdad
es que no sabría decir cuál de los casos me ha marcado más. Pero sí que es
cierto que me llamó la atención una ocasión estando en el stand en Salesas. Se nos acercó un señor y empezó a increparnos,
alegando que no teníamos derecho a estar pidiendo ayuda en un lugar como aquel,
que nuestra labor no tenía valor alguno. Incluso amenazó con llamar a la
policía, siempre entre insultos hacia nosotros y llamando la atención de
quienes nos rodeaban. Desde luego que preferiría olvidarlo, pero en el mismo
día, se dio también el caso opuesto, cuando uno de los encargados del
supermercado del centro comercial salió hasta la calle, donde estábamos, para
ofrecernos agua para los animales. Son esas dos caras de la misma moneda las
que te hacen ver que no todos somos iguales y te alientan a seguir con lo que
te apasiona.
¿Cuáles son las dificultades que supone la labor que desempeñáis?
Como ya he mencionado antes, el
hecho de que la financiación se base solamente en la venta de productos en los stands y las donaciones de la gente para
comida se hace muy cuesta arriba. También, aunque parezca mentira, es complicado
el hacer entender a la gente que viene a adoptar que no van a salir del
albergue con un perro modélico. Son animales que están acostumbrados a unas
condiciones muy específicas, y sus nuevos dueños no pueden pretender que lo
aprendan todo de la noche a la mañana; la falta de paciencia es, como en muchas
otras cosas, un problema inmenso. También cabe destacar el esfuerzo que
dedicamos a los animales. Mucha gente puede pensar que solo trabajamos cuando
nos ven cara al público, pero nos hacemos cargo de todo lo que les concierne:
somos nosotros, por ejemplo, los que les llevamos al veterinario por nuestros
propios medios en caso de necesidad, y es que no contamos con ninguna ayuda
externa en la que podamos apoyarnos en caso de emergencia. En este aspecto, puedo
decir que es algo muy sacrificado.
¿Sientes que organizaciones como “Más que chuchos” son bien recibidas
por la sociedad?
Tomando como base el encuentro
tan poco afortunado con el hombre en Salesas, he de decir que hay mucha gente
que ve con buenos ojos la labor que desempeñamos, y que se muestran receptivos
ante la idea de asociaciones que velan por los animales. También hay, por
desgracia, una parte de la sociedad que ve este tipo de organizaciones como una
pérdida de tiempo, esfuerzo y capital, gente que no entiende que queramos
ayudar a los animales y que solo entienden la ayuda a otras personas. A este
último grupo le diría que pensaran un poco antes de juzgarnos. Y es que en la
asociación cuidamos de perros que en un futuro pueden ayudar a otras personas.
Algunos de los perros que han adoptado han servido para que niños en riesgo de
exclusión social o que sufren algún tipo de enfermedad encuentren en ellos un
gran apoyo, y en ocasiones un amigo que les ayuda a superar sus dificultades.
Por suerte, puedo decir que cada vez es más gente la que apoya causas como la
nuestra que la que intenta sabotearnos.
Buscáis tanto hogar para los animales como alimento para mantenerlos,
¿es en ocasiones más necesaria y mejor aceptada la aportación económica que la
adopción directa?
Diría que en ciertas ocasiones es
así, sobre todo por lo que te decía antes acerca de esa tendencia a pensar que
al adoptar te vas a llevar a casa un perro ejemplar. En muchas ocasiones, estas
personas acaban por devolver al perro, acompañando su actitud equivocada de
malas críticas en las redes sociales, que hacen mucho más daño del que se puede
uno llegar a imaginar, siendo uno de los mayores medios de difusión con los que
contamos. Sí que es cierto que hay casos en los que el perro y la familia que
lo adopta se entienden a la perfección, nos envían incluso vídeos, y al ver a
los animales tan felices sabes que ha merecido la pena. Pero en todos los otros
casos, desde luego que es mucho más útil una aportación ya sea monetaria o de
comida. También el hecho de que recibimos muchos más perros de los que adopta
después la gente hace más necesario ese otro tipo de aportaciones que las
adopciones directas.
Nos referimos a los perros como a “el mejor amigo del hombre”, ¿crees
que quizá el hombre no merezca ser llamado “el mejor amigo del perro”?
En más ocasiones de las que me
gustaría, no lo merece. El ejemplo más claro podemos verlo cualquier día al
salir a la calle y ver a algunos de los dueños de esos perros prestando
atención al móvil y no al animal. Esto solo desemboca en tirones innecesarios a
las correas ─suponiendo que los llevan atados─ cuando los perros se paran en
una esquina o árbol, solo porque su dueño no le atiende según sus necesidades.
Creo que todas estas personas, más que querer darle una vida digna a ese
animal, buscan una aceptación social. Vivimos en un mundo en el que se compran
más perros de los que se adoptan, en el que tener un perro de raza implica el
tener la capacidad económica de poder permitirse ese gasto, un mundo en el que
el amor que se profesa por los animales queda relegado a un segundo plano en
favor de la imagen que se da. En ese
aspecto, creo que los perros te dan mucho más de lo que les das tú a ellos.
Hablo de generalizaciones, desde luego, porque no falta gente que pone por
encima de todo a los animales y los cuida como a un tesoro, pero normalmente no
sabemos tratar a los animales como verdaderamente ellos nos tratan a
nosotros.

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